domingo, 4 de marzo de 2012

Un poquito de aquel momento..

Fue en aquel momento cuando descubrí que las lagrimas se derraman. No se caen, ni se tiran, ni se vierten. Se derraman. Como si se hubieran estado acumulando a lo largo de los años en las vasijas invisibles del querer. Como si cada día feliz que hubiera pasado con el, cada momento especial de los que citaron en su funeral, todos y cada uno de mis familiares hubiesen ido guardando una a una las lágrimas que derramarían de golpe un día como aquel. Todos y cada uno, menos yo. El día que nos dejó alguien me borro la infancia, me arrancó de cuajo el derecho a toda inocencia y me dejó desnuda de nostalgia a la intemperie de la madurez. Recuerdo que no podía llorar. Ese día descubrí que la muerte consistía precisamente en el cese de todo movimiento. Con el paso de los años, mi corazón se fue llenando de vacíos, a mis recuerdos les aguijonearon las ausencias, pero mis lagrimales siguieron sin echar ni gota. Por mucho que me abandonaran, me dejaran, me humillaran y me hicieran daño, a mí me seguía siendo imposible sacar mis emociones a través de los ojos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario